¿Recuerdas cuando sólo eras una cría? No tenías que preocuparte de lo que pensaban los demás, de estar guapa y agradable para ellos. Tampoco llorabas por tener un corazón destrozado y agonizante entre tus manos sin previo aviso. Sonreías por la calle, y la gente te miraba y sonreía contigo. ¿Recuerdas? ¿Recuerdas que eras presa de tus miedos pero siempre un hilo de curiosidad traspasaba la frontera entre la cobardía y la valentía? Y observabas inquieta, escondida tras la silueta de tu madre lo que más allá aguardaba, el futuro embriagador que te recibía con los brazos abiertos. Caminabas con temor, ojo avizor a todo cuanto te rodeaba. El verdadero amor no era más que aquel chico tierno que te agarraba de la mano y se ruborizaba con sólo decir tu nombre. ¿Te acuerdas de que los sueños se podían alcanzar? Con sólo alzar tu mano en dirección al cielo ya sentías que lo estabas tocando, que estabas en lo más alto.
La inocencia.. ¿no la echas de menos? Poder decir mil cosas sin preocuparte por dobles sentidos, por comentarios incómodos. Vagar por la ciudad sorprendida por todas las luces, por todos los colores, por las multitudes de gente que pasaban por tu lado con prisas o sin ellas. ¡Cómo extraño llorar por caerme al suelo, y no por temor a lo que el futuro me depare! Añoro ser la niña que era; sin preocupaciones, sin pensamientos negativos, siempre sonriente y optimista.
Los sentimientos no eran más que dibujos imperfectos plasmados en un papel. No existía el dolor, no existía la impotencia. Las lágrimas no nacían a partir del temor a no ser suficiente, la presión en el pecho no crecía a medida que te sentías rechazado; eras una simple muchacha feliz, inconsciente de todo lo que podría llegar a sentir en unos años.
Y el tiempo pasaba. Ibas cambiando, y aparecían nuevas sensaciones. Experimentaste el dolor psicológico, y empezaste a creer en un mundo en el que no existían más que sueños rotos, calles mojadas y personajes llenos de dolor, de coraje. Tu corazón se arrugaba como un papel, empapado de las lágrimas que recorrían tu rostro cada vez que te hacían daño. Sentías que tu vida se volvía en tu contra, lo sentías en tu piel, en tu sistema nervioso, en todas y cada una de las células que pertenecen a tu cuerpo. ¿Recuerdas cuando sentías que no encajabas en ningún lugar? Hasta que apareció él. Y te preguntarás.. ¿por qué le mencionas ahora? Porque él cambió tu vida, Nuria. Él lo hizo. Te convirtió en una persona fuerte y te hizo ver que a la gente le importas. Te enseñó que el amor puede con cualquier cosa, te enseñó a volver a ser esa cría que no le temía a nada más que a la oscuridad. Te ayudó a luchar por todo aquello que quisieras, y que si le pones empeño, puedes conseguirlo a pesar de todo. Es cierto que te ha hecho llorar en más de una ocasión, pero sus defectos y virtudes son lo que te llenan. Recuerdas cada segundo a su lado como una película perfecta, con todas sus imperfecciones. No puedes vivir sin sus palabras, son lo que le dan sentido a tu vida. Volver a verle es todo lo que deseas, y encontrarte de nuevo en sus besos, tu objetivo. Él te da la fuerza que necesitas para no olvidarle, y harás lo imposible con tal de que forme parte de tu futuro. Recuerdas todo lo que te hizo sentir y reconstruyes todos aquellos recuerdos sabiendo que pronto volverán a suceder. Lo recuerdas todo acerca de él, y aunque te preguntes si él también se acordará y respondiéndote a ti misma que no, sabes que algo tendrá que recordar si aún te sigue queriendo. Aunque.. pensándolo bien; qué te voy a decir yo, que tan sólo soy tu memoria. Soy donde almacenas todos tus recuerdos, soy lo que te acompañará siempre, y lo que te hará revivir cada segundo como si fuera el primero, el único y el inigualable momento que desencadenó en todo lo que eres ahora.
Solo soy un alma más en este mundo, otro individuo que lucha por su supervivencia, que va obteniendo puntos y descubriendo nuevos sentimientos. Que descubre que hay baches y que te puedes tropezar y caer, para luego levantarte. Pero a pesar de todo ésto, me considero diferente. Y.. ¿sabes qué? Me gusta.
viernes, 27 de abril de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
La máscara de la sociedad.
Suena el despertador; ya es por la mañana. Se despierta lentamente, está cansada. Camina torpemente con las únicas fuerzas que le quedan hacia el espejo más cercano. Ya en frente, ve a un ser idéntico a ella, pero no lo reconoce. Sus ojos, llorosos, miraban tristemente a la persona que se encontraba al otro lado mientras sus labios permanecían mudos gritando su nombre. Era como si se estuviese implorando ayuda a sí misma en una cruenta batalla contra su existencia, como un grito de socorro ahogado entre sus lágrimas. Ayer era una chica decente, que a pesar de ser invisible para los demás era feliz. Pero no soportaba ver en lo que se había convertido ahora; una pequeña rebelde llena de prejuicios, amante de la superficialidad y fiel a la manada, aquella que la convirtió en una chica fácil, del montón, de esas que aparenta la personalidad que siempre ha repelido. Ya no podía ser calificada como persona siquiera. Su forma de ser había cambiado por completo, y aquellos que creían conocerla ya apenas le consideraban como la de antes. Era para todos una desconocida, un rostro más entre los rostros, una sombra más en la oscuridad. Ya no era la misma de antes, y lo supo desde el primer momento en el que le ofrecieron su mano para dejarla caer al vacío; como un contrato con la maldad personificada, como un rayo de esperanza que causa ceguera, como el más inocente caramelo que se convierte en una droga que te obliga a actuar como quien no eres ni quieres ser.
Iba perdiendo todo lo que una vez fue, y lo que alguna vez quiso ser. Perdió la verdadera amistad, el amor irracional que sentía su otra mitad por ella, todo aquello que siempre le hacía sonreír y que sustituyó por ser una más en el mundo. Vendió su alma a cambio de un chute de adrenalina a manos de la sociedad, se puso al borde del abismo sólo para comprobar lo confortable que era la sensación del viento acariciando su piel y acabó hundida y sin fuerzas. Pensándolo bien, ella sabía que el resto limitó sus ideas y devoró sus principios como si de una fiera se tratara. Confundieron su ideología sobre el bien y el mal, e invirtieron todo aquello en lo que siempre creyó. Una vez más, el animal fuerte se adueñó del indefenso y lo atrajo a un mundo lleno de confusión, a un mundo en el que todos eran clones de la indiferencia, todos llenos de errores sin corregir, presos de una sociedad en la que sólo importaba aquello que entraba dentro de sus propios intereses. Se vio convertida en aquel ser despreciable al que odiaba, a aquel ser que le llenaba de ira, y eso le aterraba. Tenía miedo de ser otra alimaña, otro líder en el lado equivocado, otra confusión en medio de tan poco conocimiento. Temía convertirse en todo lo que siempre había odiado, pero ya era tarde. Así que, tras pasar por ese estado de reflexión, tras pensar en qué demonios estaba haciendo con su vida, se dispuso a arreglarse como pudo, a ponerse aquella máscara que marcaba su nueva personalidad, y a salir por aquella puerta disfrazada con la falsedad que a los demás parcialmente les gustaba, pero que a ella le corrompía en todos los sentidos posibles.
Iba perdiendo todo lo que una vez fue, y lo que alguna vez quiso ser. Perdió la verdadera amistad, el amor irracional que sentía su otra mitad por ella, todo aquello que siempre le hacía sonreír y que sustituyó por ser una más en el mundo. Vendió su alma a cambio de un chute de adrenalina a manos de la sociedad, se puso al borde del abismo sólo para comprobar lo confortable que era la sensación del viento acariciando su piel y acabó hundida y sin fuerzas. Pensándolo bien, ella sabía que el resto limitó sus ideas y devoró sus principios como si de una fiera se tratara. Confundieron su ideología sobre el bien y el mal, e invirtieron todo aquello en lo que siempre creyó. Una vez más, el animal fuerte se adueñó del indefenso y lo atrajo a un mundo lleno de confusión, a un mundo en el que todos eran clones de la indiferencia, todos llenos de errores sin corregir, presos de una sociedad en la que sólo importaba aquello que entraba dentro de sus propios intereses. Se vio convertida en aquel ser despreciable al que odiaba, a aquel ser que le llenaba de ira, y eso le aterraba. Tenía miedo de ser otra alimaña, otro líder en el lado equivocado, otra confusión en medio de tan poco conocimiento. Temía convertirse en todo lo que siempre había odiado, pero ya era tarde. Así que, tras pasar por ese estado de reflexión, tras pensar en qué demonios estaba haciendo con su vida, se dispuso a arreglarse como pudo, a ponerse aquella máscara que marcaba su nueva personalidad, y a salir por aquella puerta disfrazada con la falsedad que a los demás parcialmente les gustaba, pero que a ella le corrompía en todos los sentidos posibles.
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